Vivimos en un mundo caracterizado por la aceleración, la incertidumbre, los cambios continuos, la saturación de información, los avances tecnológicos, las verdades relativas, la indiferencia, la parcialidad. Una realidad social, política, económica y cultural diferente a la de otras épocas nos atraviesa y nos exige pensar la escuela y pensarnos como docentes desde una nueva perspectiva.
Vivimos en la Sociedad del Conocimiento, en un mundo globalizado, en el que es necesario mirar los escenarios educativos actuales y revisar las prácticas docentes.
Estamos en un punto, tal como expresa Sir Ken Robinson, donde nadie sabe sobre el futuro, es difícil anticipar y llegar a decir cómo van a resultar los procesos y acciones que se proponen en la actualidad. Entonces, vivir la incertidumbre que genera un futuro incierto hace que, para muchos, la educación siga siendo prioritaria, porque ven en ella la posibilidad de prepararse para ese futuro desconocido, suponen que los ayudará a enfrentarlo aun cuando no podemos comprender ese futuro.
Pero frente a la globalización, la explosión demográfica y el avance de las nuevas tecnologías, los títulos carecen del valor de otras épocas, no son garantía de un futuro seguro, de acceso al mundo laboral ni de continuidad en los empleos. Este proceso de “inflación académica” que refiere Sir Ken Robinson nos obliga a mirar la escuela, al sistema, a la educación y realizar un análisis entendiendo que el sistema educativo necesita pensar nuevamente en los principios fundamentales bajo los que pretendemos educar a las nuevas generaciones.
Es necesario valorar la inteligencia humana que es diversa, única, y dinámica para comprender que es necesario educar al sujeto de manera integral. Valorar la imaginación humana, como don que nos permite evitar historias pasadas para vivir experiencias nuevas, innovadoras, creativas que den respuestas a los/as niños/as y jóvenes de hoy.
Descubrir en los/as estudiantes sus talentos, educar la mirada para ver que los más chicos se arriesgan, no tienen miedo a equivocarse, potenciar ese coraje, enseñarles a aprender del error, fomentando el trabajo colaborativo y el aprendizaje con otros es el camino.
En este mundo que cambia vertiginosamente, los modelos teóricos también deben cambiar para mejorar el aprendizaje de los estudiantes. La educación tradicional ya ha quedado obsoleta, y es necesario implementar cambios en las rutinas docentes. Vivimos en una economía del conocimiento y en una sociedad del conocimiento. Las economías del conocimiento son estimuladas y dirigidas por la creatividad y la inventiva. Las escuelas de la sociedad del conocimiento tienen que crear estas cualidades, si no su gente y sus naciones se quedarán atrás.”(Hargraves, A. 2003, p. 9).
Según Castells (1997), las principales necesidades de la educación en la sociedad actual son:
- Aprender a aprender: lo importante no es el conocimiento sino la capacidad de adquirirlo, saber buscar la información adecuada en cada caso. Se trata de aprender a aprender con autonomía.
- Consolidar la personalidad: es necesario desarrollar más el criterio personal y una personalidad sólida para adaptarse a lo largo de la vida a diversas fórmulas familiares y a distintos tipos de trabajo.
- Desarrollar las capacidades genéricas: de razonamiento lógico, numérico, espacial (matemáticas, lenguaje...).
- Aprender durante toda la vida: es una necesidad que impone nuestra cambiante sociedad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario